LLega el verano...con esos momentos intensos, Crianza, Rabietas





Yo siempre digo que con 2 niños, se tienen los mismos momentos de estrés que con 1. Muchas personas no lo creen, y quizá sea así en su caso. En el mío, me doy cuenta que antes con 1 hija, y ahora con 2, seguimos teniendo momentos de desbordamiento. No creo que más, pero he de reconocer, que se pueden complicar porque el número de factores, se multiplican de forma exponencial. De esos de "tierra trágame", de los que a veces, muchas no he salido muy contenta con mi reacción. Porque ellos, al fin y al cabo son niños, de 2 y 5 años. 

Cuando los niños están de vacaciones, imaginamos unas vacaciones idílicas. Niños felices porque no hay que madrugar, pueden trasnochar, y estar jugando sin parar. La realidad, es que luego los niños siguen teniendo esos momentos intensos.

Esta vez, aunque no suelo escribir de crianza, lo voy a hacer porque estoy muy contenta por lo que ocurrió ayer. Después de estar el sábado en un curso de Terapia Sensoriomotriz, que daba el profesor Kenuki Minton. Nos estuvo dando una lección magistral sobre como se registra el Trauma en el cuerpo...pero me desvío. El caso es que, retomando la teoría cerebral que está ya contrastada gracias a las técnicas de Neuroimagen, sabemos cómo funciona nuestro cerebro. Y de ahí, donde os quiero llevar, es a que mencionó a Daniel Siegel, prestigioso investigador en la UCLA de Los Angeles. Tengo 2 libros de él de niños. Uno es El cerebro del niño y otro es Parenting. Total, que por circunstancias de la vida, el primero me lo leí casi entero el domingo. Y la verdad, en cuanto a teoría cerebral lo que venía era todo conocimiento ya adquirido en la Facultad, libros, etc. Pero la diferencia es que venía aplicado a niños. Lo interesante de este libro, es que además da recetas, fáciles, y muchos ejemplos. 

Como me imaginaba, pronto iba a poder aplicado lo aprendido. Y que conste que libros de Rabietas, Conflictos, Comunicación con los hijos, me habré leído el 80%.

Todos hemos pasado por esos momentos, en que llora uno, grita el otro, además tienes al perro ladrando porque necesita salir a la calle, y la comida en el fuego...Esos momentos. Intensos.

Me gustaría contar lo que ocurrió ayer...y que conste que a Daniel Siegel no le conozco, ni tengo una librería...jejeje! Pero creo que es un conocimiento que quizás os pueda ayudar.

Hora de la comida. Volvemos de la piscina, y les preparé unas lentejas con arroz. Pongo los platos, y de repente mi hija mayor (5 años) entra en barrena llorando porque tiene "poco arroz, no me has puesto montaña de arroz y además me lo has removido". A veces, cuando ocurren estas cosas tienes varias opciones, o miles no...pero yo contaré lo que hice ayer. Me pidió más arroz, pero le dije que no podía ser, no tenía más y además el arroz tarda como 15 minutos en prepararse. Pero además, pensé que no era la solución.  Esta era una oportunidad, como dice Siegel de aprender todos.



Mi hija sigue llorando, y yo tranquilamente me pongo la comida, su hermano (2 años) tan feliz comiendo. No le dije nada, porque sabía que en ese momento su amígdala ha bloqueado la razón, y no iba a servir de nada explicarle que no podía hacer más arroz. Decidí aplicar una de sus técnicas.

Y entonces la cosa empeora, porque de repente va mi hijo pequeño, y por imitación retira su plato y grita "dedo adoz" (quiero arroz). Pero como ve que no pasa nada, lo vuelve a coger y sigue comiendo. Valeria sigue llorando, y Sergio al rato de nuevo se rebela. Y al ratito sigue comiendo.

Mientras tanto Valeria furiosa, se pone a golpear con la cuchara el plato, y salpica lentejas...está furiosa. 

Cojo el plato y lo retiro, sin más, sin aspavientos y yo tranquila. 

Me siento, y conecto con su cerebro de mamífero (el emocional). Y la digo "Valeria que estás muy enfadada no, Ven conmigo". La digo esto, y me mira, se baja de la silla y viene y se sienta en mi regazo...noté como iba bajando la intensidad de su enfado. La abrazo, y la confirmo su emoción "estás enfadada"...sigue bajando la emoción. Me pide mamar, y ella no mama. Pero lo imita. 
De nuevo me abraza, ella empieza a contarme que está muy, muy enfadada que le encanta el arroz y la he puesto poquito...la dejo hablar. 

Y de repente, se vuelve a su silla, se sienta y se pone a comer como si nada...y su hermano la mira y sonríe feliz...

Valeria está contenta, entonces es el momento de explicar, lo que ha ocurrido y conectar con su neocortex (cerebro superior). La dije "Cariño sabes que mamá siempre te hace la comida con mucho amor, pero a veces, puede que no esté perfecto, ni como a ti te gusta.". Entonces me dice "no pasa nada mamá".

Fue mágico. O me lo pareció. Seguramente muchas digáis..."yo eso ya lo hago". Y es fenomenal. Yo lo hacía pero me quedaba en el nivel 1, no cerraba. Conectaba sólo con la emoción, o empatizaba si lo queréis llamar así. Y esto se queda a medias. No funciona porque no hemos sacado ningún aprendizaje de ello. Y sobre todo a veces, conectamos con la emoción, pero falta resolver con su cerebro humano, darle una explicación a todo lo que ha ocurrido.

Luego, por la noche, aplicando otra técnica de Daniel Siegel, que recomienda que los niños cuenten muchas historias, la dije que me contase lo mejor, y lo peor del día. ¿Os podéis imaginar que dos cosas me contó?

Espero, que a alguna familia, le pueda ayudar contando esto. 

Diana Sánchez
www.dianasanchezsanchez.com

4 comentarios:

Inma TG said...

He llegado aquí al verlo compartido en FB por una amiga... Tengo un niño que va a cumplir 4 años y lleva una temporadita que entra casi todos los días en este tipo de "enfados"... Probaré a hacerlo nuevamente la próxima vez, pero de momento, cuando le digo que está así porque está nervioso o enfadada, me grita que no es así y sigue o va a más... Y si intento abrazarle, también va a más, con lo que a veces se me hace bastante complicado... Espero que pase más o menos pronto esta etapa.

Gracias!!!.

Pilar said...

Me ha encantado Diana. Como dices, yo también tiendo a quedarme en el camino sin terminar de cerrar la situación, aunque últimamente voy consiguiéndolo. Un post buenísimo. Me apunto a Daniel Siegel.

Diana said...

Hola Inma!
A veces el tocarles y abrazarles no funciona. Sobre todo al principio, hay que ir muy despacio con este proceso. Y de momento, simplemente a veces nos queda aguantar el chaparrón.
Un abrazo,

Diana said...

Muchas gracias Pilar, seguramente que lo vayamos consiguiendo. Me encanta que te haya gustado mi reflexión. Un abrazo,

Diana

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